La Eucaristía comenzó con un gesto sencillo, apagando todas las luces y dejando que fuera Jesús quien iluminara nuestras vidas. A través de un camino de velas encendidas, que eran sostenidas por las manos inocentes de los niños, se fue abriendo paso la imagen del niño Jesús, sostenido por uno de los niños más pequeños y acompañado por un farol, llevado por otra niña, que iba iluminando el camino. Al colocar al niño en el lugar preparado, todos los niños dejaron sus velas a los pies del "pesebre", signo de nuestro seguimiento y de nuestra aceptación de esta luz, de esta vida, que nos viene de Jesucristo.
Tras la breve homilía, realizamos también otro gesto importante: la adoración del niño, pero este año con una novedad, y es que se invitó a que se acercaran por familias y que el más pequeño de la misma fuera quien besara al niño. En ese momento, los niños fueron colocando y "sembrando" las estrellas en las solapas de todos y los catequistas y miembros activos de nuestra comunidad parroquial repartían la felicitación navideña de la parroquia.
Un año más damos gracias a Dios por lo vivido en esta celebración y, como no, seguimos pidiendo fuerzas e ilusión para se que sigamos acogiendo a todos.